Operación Burrito


Capítulo 5: Operación  Burrito

Yo no sé ustedes, pero a mí me encanta dormir como un burrito.

Un cuarto frío. Un down comforter bien mullido y suavecito. Un weighted blanket de 10 libras. 

Hmmm, Lulu duerme ¡bien rico!

Para los seres humanos, ese deseo de sentirse bien arropados viene desde el vientre materno. Allá adentro están acurrucaditos, bien compactos. En modo burrito.

Por eso, para ayudar a los recién nacidos a hacer la transición al mundo exterior, tradicionalmente se les arropa como burritos. Y como saben los padres y madres primerizos, eso es un arte en sí mismo. Hay que aprender a colocar al bebé correctamente en la manta y doblarla de tal manera que los bracitos queden bien pegaditos al cuerpo, sin que el bebé logre zafarse mientras duerme. 

Hmmm, ¡qué rico!

Hoy en día, lograr el burrito perfecto es mucho más fácil. Colocas al bebé en el swaddle boca arriba, le sujetas los brazos con unas “alas” de velcro, subes el zipper y… ¡zas! Burrito perfecto.

Siguiendo a mis momfluencers en TikTok, compré varias marcas de swaddle, hasta que encontré las preferidas de Alex.

Y como Lulu, Alex dormía sus siestas en mi casa, soñando….

Hmmm, ¡qué rico!

Pero el asunto se complicó cuando Alex empezó a voltearse boca abajo. A partir de ese momento, ya no se recomienda envolver a los bebés como burritos, porque necesitan poder mover los brazos libremente para levantar la cabeza y respirar bien.

También se recomienda que los bebés duerman sin nada en la cuna. Nada, nadita, nada.

¿Ustedes se imaginan dormir en una cama con un fitted sheet bien… y más ná?

¡Barbárico! Pero como hija y madre de médicos, debo confiar en los avances de la ciencia.

Porque en los años 90 la cosa era diferente.

Sí, envolvíamos a los bebés como burritos lo mejor posible. Y después de eso, se acostaban en la cuna en pijama, rodeados de un sinnúmero de cosas tales como:

El mobile: ustedes saben, el carrusel de peluchitos y juguetitos colgando del techo o de un brazo de la cuna. Eso ya pasó a la historia porque puede caerse encima del bebé o representar un riesgo de atragantamiento. Así que Alex, cuando se despierta, se entretiene mirando el abanico del techo.

El bumper: yo pensaba que eso hacía la cuna más segura porque evitaba que el bebé se achocara la cabeza contra las rendijas de madera. Pero, ¿qué sabíamos las madres de los 90? Ahora se considera un riesgo de asfixia. Mientras tanto, a Alex le encanta dormir con la cabeza literalmente pegada a las rendijas o meter el brazo completo entre ellas para tirar los bobos al piso.

El juguete tipo bulletin board amarrado a la rendija de la cuna: era un hit para entretener a las nenas y dejarnos dormir un rato más. Pero, aparentemente, eso estaba mal, muy mal. Ese objeto pesado podía caerle encima al bebé o, peor aún, sacarle un ojo. Así que ahora Alex juega feliz con la white noise machine, otra invención moderna, amarrada exactamente al mismo sitio de la cuna.

El blankie: por supuesto, la cuna de mis hijas siempre tenía una colchita a juego con el bumper. Nada de colores neutros, estilo Pottery Barn. En aquellos tiempos se compraba un set con personajes de Disney y/o colores brillantes para estimular al bebé en su cuna. Al día de hoy, mi hija Laura, la de la foto, todavía conserva su “Colchi” de Pooh. Más bien… las hilachas que quedan. Colchi viajó por todo el mundo y luego acompañó a Laura a la universidad. De hecho, hubo un viaje en el que, de camino al aeropuerto, Laura se percató de que se había quedado Colchi en la casa y tuvimos que virar para atrás porque, si no… ¡pa’ qué fue ese llantén! 

Hoy en día no se permite ni blankie ni colchi que valga en la cuna. ¡Esto sí es una tragedia! ¿Qué será de Alex sin un safety blanket, a lo Linus van Pelt de Peanuts?

Yo les pregunto a las mamás de Alex: “¿Y si le compro un blankie bien pequeñito?” No.

“¿Y un lovey, de esos peluchitos chiquitos en forma de blankie?” Tampoco.

Pero Alex es lista y no se queda dormida en mi casa a menos que le eche un blankie por encima de la carita mientras la mezo para su siesta. Esa se la guardaré para cuando se vaya a la universidad.

Y ahí no termina mi misión de lograr que Alex siga durmiendo como un burrito, aun sin swaddle ni el confort de las cunas de los años 90.

Operación Burrito ahora consiste en probar cuántos sleep sacks hay en el mercado para lograr que Alex se sienta acurrucadita y calientita, porque a esa niña lo que le gusta es dormir igual que a mí: en un cuarto bien frío.

Les presento el Burrito 2.0: el sleep sack. Que no es otra cosa que una “colcha pijama”. Metes al bebé, subes el zipper y… ¡zas! 

¿Se acuerdan de los sleeping bags de antes, cuando todavía dormíamos incómodos en el piso porque no existían los matres inflables? Pues eso mismo, versión bebé.

Quien inventó esa vaina debe estar megabillonario, porque miren qué caros son esos sleep sacks. Y, para colmo, vienen en diferentes “TOGs”, es decir, medidas de insulación térmica. Que si TOG 0.5, TOG 1.0, TOG 2.5…

Y pues, según la recomendación de mis momfluencers, a mi Alex le compré varios sleep sacks: uno TOG 1.0 y otro TOG 2.5, que usa dependiendo de si el aire acondicionado está prendido o no.

Porque, obviamente, sin sleep sack que la haga sentir acurrucadita, como un burrito durmiendo en un cuarto bien frío, la bougie nieta de Lulu no duerme.

Hmmm, ¡qué rico!

xoxo, Lulu

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