Prólogo




𝐏𝐫ó𝐥𝐨𝐠𝐨

En 1994 nació mi primera hija, una de las mamás de Alex. Sí, Alex tiene dos mamás y si eso te ofende, estas crónicas no son para ti.
No tuve la opción de quedarme en casa para cuidar a Carolina, ni a Laura cuando llegó dos años después. Como en tantas familias, mi esposo y yo necesitábamos dos ingresos para sobrevivir. Pero hay algo que puedo admitir sin vergüenza: aunque hubiera tenido esa opción, probablemente la habría rechazado. Necesitaba el estímulo intelectual de ejercer mi profesión de abogada. Quiero pensar que me hizo mejor mamá y mejor abuela.
Así que no, no crié a mis hijas a tiempo completo. Eso lo hizo una mujer increíble de quien hablaré más adelante. Yo las atendí principalmente los fines de semana y en vacaciones, muchas veces con la mente a medias entre ellas y mis clientes.
Entonces la vida me dio una segunda oportunidad. Hoy cuido a mi nieta Alex varios días a la semana mientras sus mamás trabajan. No soy la primera abuela en hacerlo ni seré la última, pero se ha convertido en el proyecto más hermoso de mi vida. Una vorágine de amor, responsabilidad, curiosidad, alegría, planificación y agradecimiento.
¿Qué me canso? Claro que sí. Tengo 60 años y el cuerpo me lo cobra al final del día. Cuento con menos tiempo para mis intereses y para mi negocio. Pero cuando Alex me lanza esa sonrisita suya, me derrito y no cambiaría estos días por nada.
Escribo estas crónicas como legado para ella y para los nietos y nietas que tenga la bendición de cuidar. Espero que mis aventuras como abuela GenX les arranquen una carcajada y, por un momento, les distraigan de las noticias que nos han tocado vivir en 2026.
xoxo, Marilú (Lulu)

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